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7 nov. 2019

Así celebramos 3 añitos de puro amor

Ya lo había dicho un año atrás, no más fiestas cumpleañeras, al menos eso dije hace un año, después de terminar súper agotada de la fiesta de Isabelita, y luego de sentir que ni ella ni nosotros disfrutamos. A eso hay que sumarle que las condiciones económicas de este año no eran las más favorables, así que aunque a veces sentía ganas de cambiar de opinión, optamos que lo más saludable financiera y emocionalmente era no hacer una fiesta.

Pero la celebración es otro rollo. Definitivamente no queríamos que su día pasara inadvertido. Sobre todo porque desde una semana antes, que le dije que sería su cumpleaños, no dejaba de preguntar cada mañana si ya era su cumpleaños:

-¿hoy es mi cumpeaños? !No veo el pastel!

Esa y la frase de:  -¡ya va ser mi cumpeaños!- nos acompañaron cada día.

El anhelado cumpleaños llegó

Una noche antes, me dispuse a hornear un pastel. Isa estaba muy emocionada por el simple hecho de verme horneando un pastel para ella. La decorada no fue un éxito, de hecho fue algo así como el programa Nailed  It, en el que la realidad quedó muy lejos de la expectativa. Tal fue mi decepción que ni siquiera tome foto de tan gracioso recuerdo. El problema no estuvo en la horneada, de hecho el pastel quedó sin problemas. El gran reto fue la decoración, horas invertidas tratando de poner el betún de una forma decente, hasta que de tanto betún el pastel perdió la forma original y terminó pareciendo una papa. Intente arreglarlo con chispas de colores, pero el resultado no fue mucho mejor.

Mientras Isa dormía, infle algunos globos, no podía faltar un gran globo con forma de número 3. Le arme su teepee por la mañana y le puse las letras de madera que forman su nombre. Todo para que viera que era un día especial. Y sí, cuando despertó y la llevamos a la sala, dijo:
-hoy es mi cumpeaños.-

Estuvo muy mimada y consentida por mis padres y mis hermanas, quienes desde muy tempranas horas la agasajaron con sus regalos. La tía Melina fue la primera en darle un obsequió: una bonita sudadera de Peppa Pig (la caricatura favorita de Isa) y un pants rosa. Tengo que decirles que le había comprado una muñeca, y por azares del destino, mi papá le había comprado la misma muñeca a Isa para obsequiársela por su cumpleaños. Jaja fue divertido. Mi hermana cambio la muñeca a petición mía por unos vasitos entrenadores.



Mi padre, desde un día antes le había dado su muñeca a Isabel, pero yo no deje que la abriera hasta su cumpleaños, sino ¿cómo sabría Isa que su cumpleaños es un día diferente y especial?. La muñeca es una Little Mommy disfrazada de cerdito, pues a Isa le gustan mucho los cerditos. 

Luego mamá también le dio a Isa sus regalos: un vestido azul precioso, una falda, unas mayas y una blusa de unicornio. Todo divino.

Me sentía muy dichosa de ver todas esas muestras de afecto para Isa. Fuimos a comprar su pastel, dejamos que Isa lo escogiera. Fue un cheescake pequeño con frambuesas.







La madrina Victoria también le tenía una sorpresa: un pizarrón caballete que a Isa le gustó mucho.


A la hora de partir el pastel, creo que Isa se sintió apenada con tanta atención sobre ella. Escondió su carita en el regazo de mi papá mientras cantábamos las mañanitas y no quiso soplar la velita. Fue un día maravilloso.



Y como nosotros papás, no le habíamos obsequiado nada a Isa por su cumple, y a Coni también le debíamos su obsequio cumpleañero. las llevamos a escoger un juguete. 




Fue una excelente semana cumpleañera. Me siento muy dichosa de compartir con ustedes está alegría, de las muestras de cariño hacía Isa, nos mandaron muchos mensajitos de amor para ella.

22 oct. 2019

Felices 3 años mi pequeña Isabel

Me llena de nostalgia recordar el previo a estos tres años de Isabel, porque la fiesta y el goce para nosotros empezó 40 días después, cuando incrédulos pudimos cargar por primera vez a nuestra bebé y llevarla casa.

A eso de las 11 de la noche de un 21 de Octubre, estaba en una camilla del hospital, recibiendo como un golpe, la noticia de que interrumpirían mi embarazo. Llevaba algunos días en observación, entre medicamentos, inyecciones, suero, y cuchicheos de médicos y residentes, sin ver a mi esposo o  a mi madre. No pare de llorar desde que comenzaron a prepararme para entrar a quirófano. Sentía una profunda angustia y gran desesperación, ¿sabían mis familiares que nacería mi bebé? ¿estaban de acuerdo? ¿lo habían autorizado? porque yo sentía que todo aquello estaba pasando en contra de mi voluntad. 

Me llevaron a un cuarto para realizar un ultrasonido. Ni siquiera dijo nada el doctor. Como si dieran todo por perdido, no me explicaron nada, no me mostraron nada. 

-No lloré señora, tenemos más que ofrecerle a su bebé afuera, es lo mejor en las condiciones que está.
Decía un médico.

-Las niñas tienen más posibilidades de sobrevivir, son muy fuertes.
Me repetía otra doctora. 

Y yo, sentía que estaba viviendo el peor de los infiernos. Tanta ilusión, tanto esperar a esta bebé, tanto planear y todo se salía de control. Estaba programada para enero, ENERO caray, y todavía no finalizaba octubre. 

Entre a quirófano con los ojos profundamente hinchados, sentía que apenas podía mantenerlos abiertos. Odiaba aquel quirófano, deseaba que interrumpieran todo, que un milagro ocurriera y pudiera regresar a casa y ponerme esa blusa de maternidad que me acababan de obsequiar y nunca use, que pudiéramos organizar el baby shower o por lo menos pudiera comprarle algo de ropa a mi bebé. A penas unos días atrás nos enterábamos que sería niña y no le habíamos comprado más que un pañalero. Nada más.

Comenzaron con el procedimiento. La brillante doctora decidió realizar un corte horizontal, aunque yo ya traía un corte vertical de la primera cesárea que tuve. -¡Maldita vieja!, fue lo que pensé, pero enseguida vino otro pensamiento: -si mi bebé sobrevive a esto, esa cicatriz habrá valido la pena.

Isabel nació un 22 de Octubre al rededor de la 1 de la mañana, pesando 1 kilo 250 gramos. Escuché un llanto frágil, apenas perceptible. Sonreí. La acercaron, mire sus preciosos ojos grandes, abiertos, como tratando de descubrir que pasaba a su alrededor. La acercaron para que le diera un beso y enseguida se la llevaron pues estaba teniendo dificultades para respirar.

A mí me llevaron a una sala de recuperación. Estaba cansada y soñolienta. Comenzaba a quedarme dormida. Tenía mucho frío. Cada que comenzaba a quedarme dormida, tenía pesadillas y despertaba de un salto, salto que me provocaba dolor en la reciente herida. Creo que fueron al menos tres veces las que desperté después de soñar que intentaba escapar de alguien, que me desmayaba y no recuerdo que otros sueños más. A pesar de todo, me sentía triste. Una enfermera se acercó a preguntar si me sentía bien, estaba muy pálida pero dijo que era normal. 

Esperaba las primeras horas de la mañana para ver a mi bebé, pero fue hasta después de las cuatro de la tarde que me pasaron a un cuarto. No recuerdo si lloré al ver a mamá. Me sentía desmoralizada, tenía la cara inflamada y creo que olía muy mal, seguramente que sí. No podía ir a ver a mi bebé, no hasta que me quitaran el suero así que si mal no recuerdo, me reencontré con Isabel hasta el siguiente día.

Entré al área de terapia intensiva. Mis pechos escurrían de leche al igual que mis ojos de lágrimas al ver a Isabel. Ahora estaba entubada, llena de cables, tan pequeñita, tan delgada, un enorme hueco se le hacia en medio de su pecho, marcando sus costillitas. Lloré tanto mientras le pedía perdón por no haberla podido proteger, que una enfermera me saco de la sala de terapia intensiva con la advertencia de que sólo podría regresar hasta que estuviera tranquila, pues según ellos, los bebés prematuros necesitaban a sus papás fuertes. 

Aprendí a no llorar mientras estaba en la sala de terapia, en medio de las luces moradas, y el sonido de los aparatos del hospital. También aprendí a bajarme el cubrebocas discretamente para llenar de besos a Isabel, discretamente pues según por el grado de su gravedad, estaban prohibidos los besos para no contagiarles alguna enfermedad. Estaba prohibido hablarles cerca pues según sus oídos delicados podían ser lastimados, y el roce de las manos era tosco para ellos. Pero yo que buscaba tanta información a diario, leía que la mejor terapia y medicina para un prematuro, era el contacto, piel con piel de sus padres. Así que cada que los enfermeros se descuidaban, yo le hablaba despacio al oído a mi bebé, le acariciaba su pequeña cabeza, su espalda, y le llenaba de besos sus suaves mejillitas. También aprendí a ignorar los pronósticos de los doctores, a ignorar que estaba muy grave y que en cualquier momento podía fallecer. Así tajantes las palabras, al principio lastimaban mi corazón. Aprendí a orar, y a creer que Dios escucha. Aprendí a aceptar su voluntad. Aprendí que a veces, la fe en verdad mueve montañas.

Y así unos días después Isa salía del área de terapia intensiva. Claro, tremendo susto nos llevamos ese día, cuando al llegar a la visita convencional, retuvieron a todos los papás que esperaban para entrar con sus bebés y únicamente llamaron a los papás de Isabel Victoria. Entramos a la sala, con un hueco en el estómago. Isa estaba lista para irse al área de prematuros así que ese día no tendría visita. Y aunque no pudimos verla más de dos minutos, salimos felices, con aires de esperanza, sabíamos que una vez del otro lado, todo sería cuestión de tiempo.

Mi corazón se dividía en la añoranza de tener a Isabel en casa, y entre Constanza que de pronto tenía que soportar la ausencia de sus padres, y la incertidumbre de lo que pasaba con su hermana. Mi chiquita linda, que hermana tan valiente fue.

 Y así, después de 40 días, de sentir felicidad por los gramitos de peso ganados, y angustia por los gramitos de peso perdidos, de asustarnos por las transfusiones de sangre y de esperar  y esperar, el milagro ocurrió. El milagro que tanto pedí en el hospital, ocurrió poco más de 40 días después, cuando no lo esperábamos pero nos dijeron que Isabel podía irse a casa. 


¡Felices 3 años princesa guerrera, princesa valiente!

3 años de amor, locuras, ocurrencias, aprendizaje.  3 años de tenerte en mis brazos y saber que te amo profundamente. 3 años de verte crecer. Hoy todo son recuerdos que aveces prefiero omitir. Pero son parte de nuestro pasado, después de todo, estás aquí, sana y feliz.

Te amamos mucho pequeña Isabel. La vida es perfecta junto a ti y a tu hermana Constanza.

Deseo que nunca se apague esa sonrisa maravillosa que tienes, que siempre seas esa niña inquieta y exploradora, que nunca nadie te cambie y que siempre siempre seas muy feliz.

Si no te detuvieron todos los pronósticos malos que daban, si venciste todos los obstáculos siendo una bebé de apenas dos kilos, que nada te detenga, que nada te pare, que nada te aparte de tus objetivos sin importar si alguien te dice que no. Naciste para ser grande, de eso no tengo la menor duda. 

Te amo hoy y siempre mi amor. 

26 jun. 2019

12 años de ti... ¡Feliz cumpleaños Constanza!

No puedo creer que tan rápido hayan transcurrido 12 años, sí, ¡12 años! de haber tenido entre mis brazos por primera vez ese pequeño cuerpecito que ame con tanta locura desde el primer instante que supe que estaba dentro de mí.

Sí, 12 años y ambas hemos crecido tanto. 

Es inevitable para mí recordar año tras año la noche anterior, esa noche en la que no podía concebir el sueño, sabiendo que me faltaban pocas horas para concebirte a ti. Tenía un poco de miedo, nervios, de todo un poco. Dormí esperando las contracciones que jamás llegaron y que no conocí ni en uno ni en otro embarazo. Dormí con la esperanza de romper la fuente y tener el anhelado parto natural que había soñado, sólo muchos años después entendí que llegaste en las circunstancias idóneas y que a pesar de todo, tuvimos un nacimiento de ensueño. 

Era tan joven y tenía tantos miedos, sólo quería ser una buena mamá, la mamá que esa pequeña niña de ojos grandes y brillantes, merecía. No sé si he sido la mejor, sólo se que hemos hecho un gran equipo, y que has sido el regalo más maravilloso que la vida me ha otorgado, y también que has sido una excelente hija.

Verte crecer ha sido uno de los placeres más grandes, eres y serás siempre una niña que me llena de orgullo.

Hija mía, ahora ya no puedo cargarte entre mis brazos, pero cargo contigo siempre en mi corazón. Parece que no cabes más en mi regazo, pero jamás dejarás de caber aquí en mi pensamiento. Tus juguetes se han quedado ya guardados, ahora otras cosas llaman tu atención, ya no me buscas más para jugar, hoy prefieres con tus amigas charlar. Y aunque cada día que pase vea como van creciendo tus alas, aquí estaré siempre para acompañar tu camino.

Se vienen tantas cosas nuevas para ti, nuevas etapas, nuevos amigos, pero quisiera que jamás te olvides que siempre he de estar aquí, junto a ti, para aconsejarte, para guiarte, para ayudarte.

Hoy celebro tu hermosa vida y le pido a Dios nos conceda muchos años más para celebrar juntas muchos cumpleaños. Hoy celebro 12 años de haberme embarcado en la aventura de ser mamá, sin duda, la mejor aventura de mi vida.

Pido a la vida te den sabiduría, bondad, salud e inteligencia. Pido a la vida que aprendas a escuchar, que camines con cautela y que no tengas prisa por volar. Disfruta cada segundo de tu bella juventud. 

Mi amor, quisiera escribirte tantas cosas más que estoy segura no me alcanzarían las líneas para
expresarte el inmenso amor que sentimos por ti y lo felices que nos hace tu presencia.

Feliz cumpleaños mi preciosa niña, gracias por haber llegado con tu magia y con tu luz a inundar este hogar, gracias por ser esperanza, y fuerza para mamá, gracias por tu nobleza, gracias por tu esfuerzo, gracias por ser la niña responsable que hoy eres, eres perfecta tal como eres.

Disfruta hoy y cada día, celebremos siempre mi gran Constanza.

16 nov. 2018

Fiesta temática de Pebbles Picapiedra


Debo decirlo, preparar el festejo de Isabel me resultó muy estresante. Tanto que escribiré un post titulado ¿Por qué no festejar el cumpleaños de un bebé de dos años?, y decidí que el próximo año no habrá fiesta de presentación, prefiero mejor hacer un viaje en familia.

Pero pasemos a la parte divertida del festejo, lo que sí disfrute, y eso fue la temática del cumpleaños. Ya estaba decidida a que quería un cumpleaños de Frozen, pero mi hermana, tan especial, dijo que la temática estaba tan de moda, que no le resultaba original y que ella sugería que el cumpleaños fuera de Pebbles. ¡Pebbles es un bebé! y ahora era el momento en que Isabel se podría lucir como la pequeña bebé de Los Picapiedra.

Al principio dude, pero después fue fantástico revivir mi infancia recordando aquella caricatura de los años sesenta, pero que muchos niños noventeros disfrutamos. Además, como no es una temática de moda, hubo que usar el ingenio para muchas cosas, como para realizar los dulceros, pues por más que buscamos bolsitas con Los Picapiedra, no encontramos. E inspirada en la vestimenta de Pebbles, y de Bam Bam fue que hice los dulceros. Ocupe cartón corrugado y foami (goma eva). 


En la red vi muchos letreros de cumpleaños que me gustaron mucho, así que hice mi propio letrero tipo roca. Fue de lo más sencillo y las niñas me ayudaron a pintarlo: ocupe el cartón de una caja vieja que iba a la basura y con pintura acrílica gris y plumón negro transformamos el cartón en una roca. Para el nombre de "Isa" ocupe los huesos que me sobraron de los dulceros.

Las invitaciones las realice yo misma, ya saben, con la ayuda de Canva.
El vestuario ¡lo hizo mi mamá! Buscamos en tiendas de disfraces y no encontramos nada que nos gustara, en realidad no había más que un modelo, así que mamá decidió que ella lo hacía. No saben la emoción que me dio verla sentada en una maquina de cocer, en verdad yo creo que la última vez que hizo un vestuario fue para nosotras (sus hijas) y fue hace cuando menos 10 años. Ella dice que fue algo muy sencillo, yo digo que fue fabuloso. El hueso de la cabeza, que por supuesto, no podía faltar, lo hizo con fieltro. 



La piñata la encontramos en circuito interior. Buscamos en varios locales y no había nada, cuando comenzaba a perder la esperanza, ahí estaba Pebbles en piñata. Yo quería la piñata de Dino, la mascota de Los Picapiedra, pero evidentemente no hubo y dado que la fiesta se organizó con 15 días de anticipación, no había tiempo de mandar a hacer una.
Las gelatinas fueron obsequió de una cuñada de Edgar. Cuando me dijo que ella llevaba la gelatina, no imagine que serían tan lindas como para no comerlas y guardarlas. Sí comí pues no tenía caso atesorar una gelatina, tarde o temprano se echaría a perder, sin embargo, las ame.

Y el pastel también fue un obsequio por parte de la familia de Edgar. Mandaron a imprimir una oblea comestible, y también me gusto mucho pues de este modo no te llevas sorpresas con el pulso del pastelero, y la imagen queda perfecta. 

¿Qué les pareció esta idea? ¿Ustedes han utilizado esta temática para sus fiestas? ¿Conocían a Los Picapiedra? ¡los niños de ahora no! ¡Quiero leer sus comentarios!

Editada por Wendolin Vera. Con la tecnología de Blogger.