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22 oct. 2019

Felices 3 años mi pequeña Isabel

Me llena de nostalgia recordar el previo a estos tres años de Isabel, porque la fiesta y el goce para nosotros empezó 40 días después, cuando incrédulos pudimos cargar por primera vez a nuestra bebé y llevarla casa.

A eso de las 11 de la noche de un 21 de Octubre, estaba en una camilla del hospital, recibiendo como un golpe, la noticia de que interrumpirían mi embarazo. Llevaba algunos días en observación, entre medicamentos, inyecciones, suero, y cuchicheos de médicos y residentes, sin ver a mi esposo o  a mi madre. No pare de llorar desde que comenzaron a prepararme para entrar a quirófano. Sentía una profunda angustia y gran desesperación, ¿sabían mis familiares que nacería mi bebé? ¿estaban de acuerdo? ¿lo habían autorizado? porque yo sentía que todo aquello estaba pasando en contra de mi voluntad. 

Me llevaron a un cuarto para realizar un ultrasonido. Ni siquiera dijo nada el doctor. Como si dieran todo por perdido, no me explicaron nada, no me mostraron nada. 

-No lloré señora, tenemos más que ofrecerle a su bebé afuera, es lo mejor en las condiciones que está.
Decía un médico.

-Las niñas tienen más posibilidades de sobrevivir, son muy fuertes.
Me repetía otra doctora. 

Y yo, sentía que estaba viviendo el peor de los infiernos. Tanta ilusión, tanto esperar a esta bebé, tanto planear y todo se salía de control. Estaba programada para enero, ENERO caray, y todavía no finalizaba octubre. 

Entre a quirófano con los ojos profundamente hinchados, sentía que apenas podía mantenerlos abiertos. Odiaba aquel quirófano, deseaba que interrumpieran todo, que un milagro ocurriera y pudiera regresar a casa y ponerme esa blusa de maternidad que me acababan de obsequiar y nunca use, que pudiéramos organizar el baby shower o por lo menos pudiera comprarle algo de ropa a mi bebé. A penas unos días atrás nos enterábamos que sería niña y no le habíamos comprado más que un pañalero. Nada más.

Comenzaron con el procedimiento. La brillante doctora decidió realizar un corte horizontal, aunque yo ya traía un corte vertical de la primera cesárea que tuve. -¡Maldita vieja!, fue lo que pensé, pero enseguida vino otro pensamiento: -si mi bebé sobrevive a esto, esa cicatriz habrá valido la pena.

Isabel nació un 22 de Octubre al rededor de la 1 de la mañana, pesando 1 kilo 250 gramos. Escuché un llanto frágil, apenas perceptible. Sonreí. La acercaron, mire sus preciosos ojos grandes, abiertos, como tratando de descubrir que pasaba a su alrededor. La acercaron para que le diera un beso y enseguida se la llevaron pues estaba teniendo dificultades para respirar.

A mí me llevaron a una sala de recuperación. Estaba cansada y soñolienta. Comenzaba a quedarme dormida. Tenía mucho frío. Cada que comenzaba a quedarme dormida, tenía pesadillas y despertaba de un salto, salto que me provocaba dolor en la reciente herida. Creo que fueron al menos tres veces las que desperté después de soñar que intentaba escapar de alguien, que me desmayaba y no recuerdo que otros sueños más. A pesar de todo, me sentía triste. Una enfermera se acercó a preguntar si me sentía bien, estaba muy pálida pero dijo que era normal. 

Esperaba las primeras horas de la mañana para ver a mi bebé, pero fue hasta después de las cuatro de la tarde que me pasaron a un cuarto. No recuerdo si lloré al ver a mamá. Me sentía desmoralizada, tenía la cara inflamada y creo que olía muy mal, seguramente que sí. No podía ir a ver a mi bebé, no hasta que me quitaran el suero así que si mal no recuerdo, me reencontré con Isabel hasta el siguiente día.

Entré al área de terapia intensiva. Mis pechos escurrían de leche al igual que mis ojos de lágrimas al ver a Isabel. Ahora estaba entubada, llena de cables, tan pequeñita, tan delgada, un enorme hueco se le hacia en medio de su pecho, marcando sus costillitas. Lloré tanto mientras le pedía perdón por no haberla podido proteger, que una enfermera me saco de la sala de terapia intensiva con la advertencia de que sólo podría regresar hasta que estuviera tranquila, pues según ellos, los bebés prematuros necesitaban a sus papás fuertes. 

Aprendí a no llorar mientras estaba en la sala de terapia, en medio de las luces moradas, y el sonido de los aparatos del hospital. También aprendí a bajarme el cubrebocas discretamente para llenar de besos a Isabel, discretamente pues según por el grado de su gravedad, estaban prohibidos los besos para no contagiarles alguna enfermedad. Estaba prohibido hablarles cerca pues según sus oídos delicados podían ser lastimados, y el roce de las manos era tosco para ellos. Pero yo que buscaba tanta información a diario, leía que la mejor terapia y medicina para un prematuro, era el contacto, piel con piel de sus padres. Así que cada que los enfermeros se descuidaban, yo le hablaba despacio al oído a mi bebé, le acariciaba su pequeña cabeza, su espalda, y le llenaba de besos sus suaves mejillitas. También aprendí a ignorar los pronósticos de los doctores, a ignorar que estaba muy grave y que en cualquier momento podía fallecer. Así tajantes las palabras, al principio lastimaban mi corazón. Aprendí a orar, y a creer que Dios escucha. Aprendí a aceptar su voluntad. Aprendí que a veces, la fe en verdad mueve montañas.

Y así unos días después Isa salía del área de terapia intensiva. Claro, tremendo susto nos llevamos ese día, cuando al llegar a la visita convencional, retuvieron a todos los papás que esperaban para entrar con sus bebés y únicamente llamaron a los papás de Isabel Victoria. Entramos a la sala, con un hueco en el estómago. Isa estaba lista para irse al área de prematuros así que ese día no tendría visita. Y aunque no pudimos verla más de dos minutos, salimos felices, con aires de esperanza, sabíamos que una vez del otro lado, todo sería cuestión de tiempo.

Mi corazón se dividía en la añoranza de tener a Isabel en casa, y entre Constanza que de pronto tenía que soportar la ausencia de sus padres, y la incertidumbre de lo que pasaba con su hermana. Mi chiquita linda, que hermana tan valiente fue.

 Y así, después de 40 días, de sentir felicidad por los gramitos de peso ganados, y angustia por los gramitos de peso perdidos, de asustarnos por las transfusiones de sangre y de esperar  y esperar, el milagro ocurrió. El milagro que tanto pedí en el hospital, ocurrió poco más de 40 días después, cuando no lo esperábamos pero nos dijeron que Isabel podía irse a casa. 


¡Felices 3 años princesa guerrera, princesa valiente!

3 años de amor, locuras, ocurrencias, aprendizaje.  3 años de tenerte en mis brazos y saber que te amo profundamente. 3 años de verte crecer. Hoy todo son recuerdos que aveces prefiero omitir. Pero son parte de nuestro pasado, después de todo, estás aquí, sana y feliz.

Te amamos mucho pequeña Isabel. La vida es perfecta junto a ti y a tu hermana Constanza.

Deseo que nunca se apague esa sonrisa maravillosa que tienes, que siempre seas esa niña inquieta y exploradora, que nunca nadie te cambie y que siempre siempre seas muy feliz.

Si no te detuvieron todos los pronósticos malos que daban, si venciste todos los obstáculos siendo una bebé de apenas dos kilos, que nada te detenga, que nada te pare, que nada te aparte de tus objetivos sin importar si alguien te dice que no. Naciste para ser grande, de eso no tengo la menor duda. 

Te amo hoy y siempre mi amor. 

26 jun. 2019

12 años de ti... ¡Feliz cumpleaños Constanza!

No puedo creer que tan rápido hayan transcurrido 12 años, sí, ¡12 años! de haber tenido entre mis brazos por primera vez ese pequeño cuerpecito que ame con tanta locura desde el primer instante que supe que estaba dentro de mí.

Sí, 12 años y ambas hemos crecido tanto. 

Es inevitable para mí recordar año tras año la noche anterior, esa noche en la que no podía concebir el sueño, sabiendo que me faltaban pocas horas para concebirte a ti. Tenía un poco de miedo, nervios, de todo un poco. Dormí esperando las contracciones que jamás llegaron y que no conocí ni en uno ni en otro embarazo. Dormí con la esperanza de romper la fuente y tener el anhelado parto natural que había soñado, sólo muchos años después entendí que llegaste en las circunstancias idóneas y que a pesar de todo, tuvimos un nacimiento de ensueño. 

Era tan joven y tenía tantos miedos, sólo quería ser una buena mamá, la mamá que esa pequeña niña de ojos grandes y brillantes, merecía. No sé si he sido la mejor, sólo se que hemos hecho un gran equipo, y que has sido el regalo más maravilloso que la vida me ha otorgado, y también que has sido una excelente hija.

Verte crecer ha sido uno de los placeres más grandes, eres y serás siempre una niña que me llena de orgullo.

Hija mía, ahora ya no puedo cargarte entre mis brazos, pero cargo contigo siempre en mi corazón. Parece que no cabes más en mi regazo, pero jamás dejarás de caber aquí en mi pensamiento. Tus juguetes se han quedado ya guardados, ahora otras cosas llaman tu atención, ya no me buscas más para jugar, hoy prefieres con tus amigas charlar. Y aunque cada día que pase vea como van creciendo tus alas, aquí estaré siempre para acompañar tu camino.

Se vienen tantas cosas nuevas para ti, nuevas etapas, nuevos amigos, pero quisiera que jamás te olvides que siempre he de estar aquí, junto a ti, para aconsejarte, para guiarte, para ayudarte.

Hoy celebro tu hermosa vida y le pido a Dios nos conceda muchos años más para celebrar juntas muchos cumpleaños. Hoy celebro 12 años de haberme embarcado en la aventura de ser mamá, sin duda, la mejor aventura de mi vida.

Pido a la vida te den sabiduría, bondad, salud e inteligencia. Pido a la vida que aprendas a escuchar, que camines con cautela y que no tengas prisa por volar. Disfruta cada segundo de tu bella juventud. 

Mi amor, quisiera escribirte tantas cosas más que estoy segura no me alcanzarían las líneas para
expresarte el inmenso amor que sentimos por ti y lo felices que nos hace tu presencia.

Feliz cumpleaños mi preciosa niña, gracias por haber llegado con tu magia y con tu luz a inundar este hogar, gracias por ser esperanza, y fuerza para mamá, gracias por tu nobleza, gracias por tu esfuerzo, gracias por ser la niña responsable que hoy eres, eres perfecta tal como eres.

Disfruta hoy y cada día, celebremos siempre mi gran Constanza.

12 jun. 2019

Coni, te amo tanto ❤️

Será que es el mes de su cumpleaños, será que termina la primaria, será que estoy sentimental que estos días todo gira en torno a ella. 

Miró las fotografías de hace dos años y siento que no creciste gradualmente, sino que de pronto me cambiaron a mi niña por una jovencita. El tiempo se me ha ido en un suspiro, y te miro correr hacia tu autonomía, hacia tu juventud, hacia tu libertad. A veces siento temor, todos los cambios se han venido tan rápido que apenas tengo tiempo de asimilar, de asimilar que ya no dependes más de los brazos de mamá, que ya poco te interesa jugar con mamá, que ya no me pides ver caricaturas, más bien quieres ver series y películas románticas, y que ahora es más divertido estar con tus amigas. Pero antes de que siga pasando el tiempo, quiero detenerme un momento para abrazarte y para darte las gracias...

Creo que nunca me detuve a mirarte y a agradecerte el hecho de que seas una grandiosa hermana, a pesar de todos esos años de diferencia, has sido la mejor, la mejor hermana del mundo, no tengo dudas. Y jamás te he preguntado cómo te sentiste cuando nuestro mundo cambio drásticamente, cuando tuviste que aprender a compartir, no solo los juguetes, sino a papá, mamá, a los abuelos, la vida entera con ese pequeño ser que ahora te llama "tú manita".

Quiero decirte que estoy profundamente orgullosa de ti, porque me hiciste todo más fácil, aceptaste con calma los cambios, los tiempos en que papá y mamá solo iban y venían al hospital preocupados por la salud de tu hermana, y tu esperabas con paciencia. Y cuanto más centrados estábamos en ello, tu seguías siendo la misma niña, y tus notas hasta iban mejorando, más autónoma te volvías. Desde muy pequeña tuve que dejar de ir a despertarte, tú lo hacías sola, te alistabas para la escuela y realizabas tus tareas. Y seguiste siendo paciente cuando tu hermana comenzaba a tomar tus juguetes, tus apreciados juguetes, y seguiste siendo paciente cuanto tu hermana sólo quería ir tras de ti. Y sigues siendo paciente cuando esa pequeña hace destrozos y se escapaba a tu cuarto y quiere todas tus cosas. Estoy segura que eso pasa, porque tu hermana, al igual que yo, te admira profundamente. 

Quiero tenerte entre mis brazos, y deleitarme al contemplarte, porque para mi siempre serás mi bebé, mi gran amor, mi primera ilusión de ser mamá y siempre tendrás un lugar irremplazable en mi corazón. 

Gracias por ser esa niña tan maravillosa, gracias por compartir tu amor desbordante con tu hermana, para mí no hay satisfacción más grande que ver cómo se aman. 

Mi amor no se dividió, ahora sé que simplemente se multiplicó, y a cada una la amo inmensamente. 

Nada más deseo en la vida que verte feliz, busca siempre eso, tu felicidad. Yo siempre te acompañaré y te guiare. 

Te amo hija


18 feb. 2019

Quisiera arreglarte el mundo


Quisiera arreglarte el mundo para que cuando salgas allá afuera no tengas que saber de dolor, para que no tengas que enfrentar desencantos, maldad o reencor.

Quisiera repararlo todo e irme tranquila sabiendo que te he dejado en un mundo mejor. 

Pero no puedo. Lo más que puedo es arreglarme a mi misma todos los días. Y limpiarme las heridas, sacar de mi alma los sentimientos que puedan nublar mi razón, reinventarme todos los días y tratar de darte a diario lo mejor de mí. 

No puedo arreglar allá afuera nada, pero aquí adentro puedo arreglarlo todo. Para darte, no una gran mamá, pero sí una mamá feliz. Sí, ese es el mejor regalo que puedo darte todos los días; una mamá que despierte feliz y que pueda darte la mejor sonrisa, que te abrace con dulzura y que pueda guiarte. Una mamá que no se canse de decirte lo mucho que te ama, una mamá que pueda acariciarte, una mamá paciente que aprenda a escucharte, una mamá que con firmeza pueda enseñarte lo que está bien y lo que está mal en la vida. Una mamá que todo lo enseñe con el ejemplo, porque no hay nada más poderoso que el ejemplo. 

Quisiera que nunca tuvieras que conocer el lado malo de la vida o de las personas, pero eso es quizá imposible. Allá fuera el mundo es voraz. Y a mí sólo me queda amarte tanto, para llenar todo tu ser de amor, y que cuando llegue el momento en que tengas que salir, no dudes de ti, no vayas por ahí sintiéndote sola o vacía, para que no titubees cuando tengas que alejar de ti a las personas que se acercan con maldad, para que no lo pienses dos veces cuando sepas que hay personas que más vale la pena darles la vuelta, porque jamás las podremos cambiar.

Sí, puedo arreglarlo todo aquí adentro para que al menos cuando me vaya, tenga la gran satisfacción de saber que he criado a personitas que no saldrán a descomponerlo todo, porque te habré enseñado de principios y valores, porque te habré hecho tan feliz que no tendrás que salir a reclamarle nada a la vida.Es probable que habré logrado llenarte tanto el corazón que cuando salgas allá afuera lo tengas desbordante y solo sepas darle a los demás amor. 

Es probable que alguien allá fuera intenté romperte el corazón, es probable que lo logren y también que el mundo te decepcione, y a veces al igual que yo, no comprenderás cómo en este mundo hay cabida para la maldad. Pero también es probable que andando por el mundo, te encuentres con alguien que al igual que tú, haya tenido una madre con la convicción de que afuera no se puede arreglar mucho, pero que adentro se puede arreglar todo.

Porque estoy convencida de que somos una tribu, que allá afuera día a día hay muchos mamás reparándose día a día, reinventándose para regalar la mejor versión de sí mismas, abrazando, acariciando y criando con amor. Sé que te has de encontrar con esos hijos, y que será una cadena interminable. Sé que habremos logrado mucho, no arreglando afuera pero sí arreglando dentro.

28 jun. 2017

Su primera década: ¡Felicidades Constanza!

Ha pasado ya una década de su mágica llegada, de los nervios, los miedos y los desvelos. Una década de haberme estrenado como madre, madre primeriza, madre para siempre. Diez años pasaron desde que llegó a mi vida ese ser pequeño y frágil que tan sólo dependía de mi, diez años de haber conocido el más bello sentimiento que cualquier mujer puede sentir.
Cuantas aventuras nos ha deparado el tiempo, cuantos retos... pero no solo ha crecido ella, yo también crecí como mujer y como madre, porque no vino para que yo le enseñase, vino a enseñarme cómo era el mundo de la maternidad, a revolucionar mi vida en absolutamente todos los sentidos, a cambiar mi perspectiva del mundo y hacer de mi una mejor persona, porque ella llegó con tantos anhelos, ilusiones, y tantas metas.


Querida hija: has cumplido 10 años. Otra década más y serás toda una mujer. Hoy eres mi niña bella, y me llena de ilusión verte crecer. Quiero que caminemos juntas, que sepas que siempre estará mi mano para cuando quieras tomarla y para aferrarse fuerte a ti cuando caigas.

He aprendido a soltar mis miedos, mis miedos a que crezcas, a que mañana te sientas lastimada o sola, porque no puedo detener el tiempo, será mejor tomarle el ritmo y disfrutar la vida. 

No siempre serás una niña, pero de sobra esta decir que siempre serás mi bebé, serás mi bebé cuando llegué el acné, cuando haya que comprar compresas para el periodo, o cuando ya no quieras que te peine más, serás mi bebé cuando quieras que te preste un labial o me pidas que te enseñé a maquillar tu rostro, cuando ya no quieras acompañarme a todos lados o cuando vayas a tu primera fiesta.

Eso sí, no corras, vive la vida y disfruta cada etapa de ella, no hay prisas, no hay tiempo que no se cumpla... sigue disfrutando tus muñecas tanto como sea necesario y hasta que de verdad te aburran, sigue jugando en tu casita o a la comidita cuando te de la gana, pero no dejes tus cosas por temor a lo que digan los demás o porque la niña de a lado considere que eres mayor. 

Disfruta la vida, ríe todos los días y sueña en grande, sabes que la vida te deparará lo que tú decretes para ti. Te amamos infinitamente y estamos muy orgullosos de ti.

Por último, agradece hijita, al universo, a Dios y a la vida, por todo lo que tienes, por todo lo que te rodea, por toda esa gente que te ama y que en cada cumpleaños viene a la casa para darte un abrazo, por tener la dicha de vivir. Se siempre agradecida y se siempre un ser de luz.











10 años. Los mejores de mi vida, he aprendido junto a mi hija grandes lecciones. Como cada año estoy muy agradecida por las muestras de afecto para mi hija, siempre estamos rodeadas de cariño.
Gracias a mis padres, esos abuelos ¡no los tiene ni Obama!, gracias a mi esposo por ser el mejor cómplice y porque siempre se da a la tarea de sorprender a Constanza y robarle una gran sonrisa.
Y gracias a ustedes, los que están detrás del blog. Ya son varios años de compartir con ustedes.


15 jun. 2017

Carta a mi hija y una nota para mamis primerizas

Hija:
A menudo te veo y pienso en lo rápido que transcurrieron los años, y suelo recordarte cuando eras un bebé, pero ahora esa época es solo eso: dulces recuerdos.
Entonces pienso en abrazarte aún más, besarte más, estar contigo aún más, así como un día te cargué todo lo que te debía cargar... sí, te cargué tantas veces como pude hacerlo, incluso cuando ya no eras un bebé, te cargué cuando caminábamos al kinder y me pedías que en la esquina, antes de llegar, te bajara, para que tus compañeritos no se enteraran que aún te cargaba, no querías que supieran porqué ya eras una niña grande. Te cargaba al salir de la ducha, para que no te fueras a resbalar, te cargaba para jugar, te cargaba simplemente porque me daba la gana. Y sí, decían que ya estabas grande, pero no me importaba, yo te quería cargar porque sabía que llegaría el momento en que ya no sería posible, ese momento en que casi igualarías mi estatura, y las circunstancias nos obligarían a no hacerlo más. Pero aún lo recuerdas, y me dices que lo extrañas pero que sabes que ya no es posible, y nos reímos juntas. Pero si es posible seguir jugando, seguirte abrazando, y hacerte cosquillas, porque el tiempo aún nos tiene juntas, porque aún no has crecido tanto y todavía queda algo de tu dulce infancia, y aquí estaré, aquí estaremos para seguir creciendo de tu mano.
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Querida mamita que empieza el camino de la maternidad: te aseguro que la vida pasa volando, en realidad sí lo sabes. Sé que hay días agotadores junto a tu bebé, y se que aveces solemos desear que el tiempo se vaya pronto para que el bebé ya camine, para que duerma de largo toda la noche, o para ya no cargarlo. No hace falta que lo deseemos, el tiempo hace su trabajo y camina sin detenerse. Un día te habrás dado cuenta que ya ha pasado un año, dos, tres o 10 años. Mi consejo es que disfrutes cada día junto a tu bebé, incluso en el cansancio, la desesperación o la tristeza, todos estos sentimientos son parte de la vida y nos recuerdan que estamos vivos. Disfruta cada instante, disfruta a tu bebé, ármate de paciencia y vive el presente. Abrázalo lo suficiente, bésalo lo suficiente y cárgalo todo lo que puedas, todo lo que quieras, nunca será demasiado. Y recuerda que no estás sola, hay una comunidad de madres que quieren escucharte y que quieren apoyarte.
Editada por Wendolin Vera. Con la tecnología de Blogger.