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18 oct. 2019

El pan de la Guerra

Llevo tiempo queriendo recomendarles el libro y platicarles un poquito de él, y después de que esta semana se conmemorara el día Internacional de la Niña, me parece oportuno platicarles sobre esta lectura. 


Algo que recuerdo mucho de la época en la que mi hermana menor asistía a secundaria, eran las lecturas que hacía en la escuela. Muchos de sus libros pasaron por mis manos, recuerdo títulos como: "Quiéreme 5 minutos", "Colorín colorado" y "Mateo y yo" (libro con el que me sentí identificada en ese entonces). Todos ellos con mensajes positivos, problemáticas adolescentes y un lenguaje fluido y cotidiano que entendía a la perfección.

10 años después, hemos tenido la suerte de que ese mismo profesor le de clases a Constanza, y continuando con sus costumbres y estilo de enseñar, ha hecho una selección de libros para acompañar el ciclo escolar (Coni va a leer y mucho). Y por lo que he podido ver, los libros siguen abordando temáticas que a los adolescentes les gustan, con lenguajes sencillos y reflexiones invaluables.


Por supuesto que si hace 10 años me adentré en las lecturas de mi hermana, con mayor razón lo hago hoy en las lecturas de Constanza. Quiero leerme todos los libros y he comenzado por el Pan de la guerra.


El pan de la Guerra

Una historia breve pero preciosa. Narra las vivencias de Parvana, una niña afgana cuya vida cambia radicalmente con la entrada del gobierno Talibán.


El libro plasma a grandes rasgos como es la vida de un país en guerra, como ésta afecta la vida de las personas, y muy importante, las marcadas diferencias entre hombres y mujeres en un país gobernado por los talibanes.


La vida de por sí ya era dura para Parvana y su familia, quienes habían perdido su hogar, su trabajo y tantas cosas, cuando de pronto se llevan a su padre, el sostén de la familia. Es aquí cuando Parvana iniciará sus aventuras para mantener a flote a su familia en la ausencia de su padre.

¿Por qué es un excelente libro para un adolescente?

Ya desde las primeras hojas una lágrima recorría mis mejillas, nada más de imaginar el horror de la guerra, el panorama desolador al que  miles de niños aún en la actualidad se enfrentan.


Una página te lleva a otra y a otra. La historia es conmovedora. Y en cada capítulo ya estaba deseosa de compartir el libro con mi hija.

Creo que hay varios mensajes valiosos para los jóvenes. El primero, creo que te hace valorar y agradecer lo que tienes, agradecer la vida que te ha tocado e incluso agradecer vivir en un país como el nuestro, en el que si bien todavía hay mucho que trabajar en materia de inclusión e igualdad de género, hay diferencias abismales entre países no desarrollados en los que la mujer no tiene derecho a la educación,  a la libertad y en los que aún existen prácticas como las de acordar matrimonios sin tomar en cuenta la opinión o el deseo de la mujer.

Permite valorar el derecho a la educación. Esas clases que parecen un fastidio para algunos son un privilegio, un sueño que no ven hecho realidad.


Da un panorama general de cómo Afganistán se vio afectado con la entrada del gobierno Talibán.


Enseña a grandes rasgos costumbres de Kabul.


Tras leer el libro, sentí una profunda gratitud: por tener acceso a la educación, por tener derechos y por poder llevar una vida digna. Agradezco que mis hijas gocen de ciertos privilegios que de haber nacido en otra cultura, en otro país, no tendrían.



Después de leer el libro y querer investigar un poco más a profundidad cómo fue la llegada de los talibanes a tierras afganas, encontré fotos que causaron gran tristeza. Alguna vez en aquel país las mujeres tuvieron una vida distinta, y hoy sólo son recuerdos que quedaron inmortales en fotografías. 

Les dejo unas cuantas del antes y el despúes.


ANTES






ACTUALIDAD







Estoy ansiosa porque el libro llegué a las manitas de Constanza. Estoy segura que la historia le gustará y le dejara valiosas reflexiones.


¿Ustedes ya leyeron este libro? Si no es así, se los recomiendo ampliamente.


CARACTERÍSTICAS DEL LIBRO

TÍTULO: EL PAN DE LA GUERRA
AUTOR: DEBORAH ELLIS
EDITORIAL: CASTILLO

24 abr. 2019

SOS Adolescente en casa

¿Tienen adolescentes en casa? ¿Algunos tips para sobrellevar esta etapa con los hijos?


No quiero comenzar poniendo etiquetas a esta etapa de la vida por la que Constanza comienza a transitar, pero debo reconocer que me está costando algo de trabajo.

Me desconcierta que mi hija ya no sienta atracción por los juguetes, que de pronto sus gustos hayan cambiado y que esté tan rebelde. No acepta para nada el consejo de mamá para vestirse o peinarse, y supongo que es lógico, pues está en la búsqueda de su identidad.

No quiero declararme como su principal enemiga, quiero acompañarla de una manera cariñosa sin hacerla sentir que estoy en su contra o que no apoyo sus decisiones.

Uff, para ser honestos, siento que los años se me fueron como agua y hoy me encuentro con una hija que ya no es una niña. La verdad creo que no estaba preparada jaja. Así que ahora, tendré que informarme más y buscar la manera de ser la mejor guía de mi hija.

Sé que se vienen muchos cambios en su vida, y quiero estar preparada. Quiero ser honesta y trabajar en lo que creo que estoy haciendo mal como madre, por ejemplo; me cuesta mucho trabajo reconocer que mi hija ya es capaz de tomar sus propias decisiones, todavía quisiera ser yo quién elije su vestimenta, su peinado y decirle todo el tiempo qué hacer. Pero también quiero ser firme y saber poner límites. 

Mamis, les soy honesta, la verdad tengo miedo. Soy una mamá asustada que también esta adoleciendo los cambios de su hija. Me asusta que ya no quiera estar conmigo, que ya no me pida que juguemos, que yo ya no sea su mundo absoluto. 

Leo las primeras entradas de este blog y no puedo creer que mi bebé ha crecido tanto. Hay días en los que me siento tan nostálgica. Pero sé que aunque las cosas cambien, todavía puedo seguir disfrutando momentos con mi hija y eso es lo importante. buscar fortalecer nuestro vínculo ahora más que nunca. 

Mamis si ya han pasado por esta etapa, les agradeceré mucho sus consejos. Yo por mi parte estaré buscando información, consejos y tips, y por supuesto, los compartiré con ustedes.

1 abr. 2019

¿Escolarizar o no escolarizar? es la cuestión

Últimamente un tema muy "manoseado" en todos lados es la cuestión de cuándo pienso escolarizar a Isabel.


A mis casi 30 años y con un montón de sobrinos, con la mano en la cintura puedo asegurarles que en ese tema, nunca se tendrá contenta a la familia; que si el niño esta muy pequeño, su mala madre no lo quiere cuidar, pobrecito, se aburrirá, y mira la mamá podría cuidarlo pero es floja... que si el niño esta muy grande, para qué lo tienen en la casa, aburrido el pobrecito, necesita aprender y convivir con otros niños, la floja de la madre no se quiere levantar y llevarlo a la escuela. ¡En verdad! He oído ese tipo de comentarios una y otra vez, lo cual me ha servido para reforzar la idea de que Isabel se irá a la escuela cuando ambas estemos listas y cuando ambas decidamos.

Isabel tiene dos años y medio. No lo voy a negar, hay días en los que pienso que si ya fuera a la escuela, todo "podría ser mejor para ambas". Tendría bastante tiempo por las mañanas, podría hacer lo que me venga en gana con mi tiempo, podría enfocarme más en mi trabajo, ella estaría conviviendo con otros niños, quizá jamás se aburriría y estaría aprendiendo nuevas cosas. Sin embargo, eso último, me parece subjetivo: hay niños que van desde tempranas edades al colegio y saben lo que deben de saber para su edad, ni más ni menos. Isabel sin ir al colegio, ha aprendido algunas cosas de manera autodidacta: colores, números y algunas letras. Pero bueno, eso es otro tema.

Quizá estoy siendo un poco "egoísta" pues a final de cuentas, en muchas ocasiones suelo necesitar ayuda de mi mamá. Entonces, si alguien debería opinar sería ella y sin embargo, se que tome la decisión que tome, cuento con su apoyo incondicional.

Pero ¿por qué me niego a escolarizar a Isabel?

De entrada, me gustaría que mi bebé por lo menos tengo tres años cumplidos antes de ir a la escuela. Por lo tanto, ingresarla a la escuela en el próximo ciclo, no me convence. 

Me gustaría que cuando ella asista a una escuela, tenga la capacidad de platicarme cómo fue su día, qué le agrado de esa nueva etapa, qué le gusta y qué le disgusta de la escuela. 

Otro factor muy importante, es que una vez que iniciemos ese proceso, no habrá vuelta atrás. Si no me agrada, si me arrepiento, si hecho de menos mis mañanas con ella, no sería adecuado interrumpir ese proceso. Y ese proceso es inevitable, es decir, tarde o temprano debe llegar el momento, entonces ¿para qué adelantarlo?

Hoy tuvimos un día muy agitado en cuestión de trabajo, pasamos mucho tiempo en el carro y por un momento observe a Isabel y pensé si debía estar en la escuela, pero recordé que habrá toda una vida para ello, para esas rutinas de tener que levantarse temprano y cumplir con una asistencia por obligación, portar un uniforme y hasta tener deberes escolares. También pensé que así como hoy tuvimos una mañana agitada, hay mañanas tranquilas y deliciosas, en las que ambas podemos compartir unos momentos más en la cama. Y pensé que si hoy puedo darme ese privilegio, por qué no disfrutarlo y esperar pacientemente. 

Creo que como todo, la escolarización tiene sus pros y sus contras, ya escribiré un post sobre ello. Pero también creo que cada madre e hija/hijo tienen distintas necesidad y distintos ritmos, y cada decisión es respetable. Deberíamos respetar eses decisiones, y si queremos ayudar, entonces deberíamos acompañar sin criticar u opinar cuando no se nos ha pedido una opinión. 

5 mar. 2019

Yo sí quiero ser la amiga de mis hijas

No, no me gustan estas frases que he leído mucho por la red y que son el lema de muchos padres de familia desde hace muchas generaciones:

 -Yo no soy amiga de mis hijos. 
-A mi no me interesa ser la amiga de mis hijos, soy su madre.

Siempre con la creencia, bien fundamentada, de que nuestro deber como padres es el de ser guías, ser educadores, criar y hacer personas de bien. Hasta aquí, concuerdo totalmente. Pero tenemos la creencia que debemos caerles mal a nuestros hijos, y ser autoritarios para saber que estamos haciendo bien nuestro trabajo. 

Yo sí quiero ser la amiga de mi hija.

Recuerdo bien cuando entre a la adolescencia. Quería salir, ir a fiestas, tomar, no estudiar, "perseguir mis sueños" que en ese entonces era vivir la vida a mi manera aunque no tenía ni la más mínima idea de cómo vivirla, y comencé a creer que todo lo que hacían mis padres era sólo por fastidiarme, porque no tenían confianza en mí y hasta llegue a creer que seguramente no me querían. ¡Pobres de mis padres! Quienes me conocieron en ese entonces, reconocerán que realmente era rebelde. La relación con ellos se torno difícil, por supuesto que no eran mis amigos, pero sino lo eran, entonces para mí eran los enemigos, de quiénes debía huir y alejarme a toda costa. Empecé a rodearme de "amigos" que eran precisamente todo lo contrario a mis padres, que me solapaban, me "entendían", me apoyaban, no me juzgaban y que por supuesto, estaban tan mal como yo. El resultado, un embarazo adolescente y una sensación de vacío que muchas veces me invadió pues me sentía la hija más incomprendida del planeta. 

Con este pequeño relato no quiero decir que debemos solapar, permitir y consentir para tener a los hijos contentos, definitivamente no. Lo que quiero dar a entender, es que debemos ser lo suficientemente hábiles para realizar nuestro papel de padres, sin declararles la guerra abiertamente, porque si lanzamos constantemente el mensaje de que no somos sus amigos, creo yo que haremos que creen un concepto de amistad equivocado. Un amigo no es aquel que te solapa y te deja cometer errores o actuar mal con tal de verte contento, un amigo debería tener algo en común con nuestros padres: querer solamente nuestro bien. Un amigo verdadero también tendrá sus limites, será siempre honesto y cuando vea que algo estás haciendo mal, seguramente te lo dirá.

Yo quiero forjar en mi hija un concepto real de amistad. Yo sí quiero ser su amiga, aunque aveces ella no querrá serlo, o dudara que yo lo soy.

Jamás le digo que no soy su "amiguita". No, le digo que los límites, los regaños y demás son por que la quiero y jamás en la vida va a encontrar cariño tan desinteresado como el que una madre le tiene a sus  hijos, busco cambiar la estrategia, busco poner límites, reglas y guiarla sin tener que pelear constantemente con ella, sin hacerla sentir que somos las peores enemigas.

Estará funcionando mi estrategia? No lo sé, con los hijos no hay nada escrito, no son pasteles que se horneen de acuerdo a recetas infalibles, son humanos con inquietudes, dudas y sus propias revoluciones emocionales. No quiero que sea perfecta, sólo quiero que sea una niña de bien y un humano feliz.

Pero más allá de todo, Yo sí quiero ser su amiga de mis hijas, quiero que se acerquen a mí cuando tengan un problema, que me tengan la confianza de contarme sus inquietudes y sus problemas, que sepan que mamá las acompaña y las guía incondicionalmente, y sobre todo, quiero que cuando vayan por la vida eligiendo amistades, no crean que las amistades son quienes solapan, quienes te permiten ser grosero o quienes te traten mal, quienes te metan en problemas, quienes no sean honestos o quienes no tengan y no pongan límites, quiero que siempre se rodeen de personas que busquen su bienestar, que sumen y no que resten. Y quiere que a mi siempre me consideren su amiga.


18 feb. 2019

Quisiera arreglarte el mundo


Quisiera arreglarte el mundo para que cuando salgas allá afuera no tengas que saber de dolor, para que no tengas que enfrentar desencantos, maldad o reencor.

Quisiera repararlo todo e irme tranquila sabiendo que te he dejado en un mundo mejor. 

Pero no puedo. Lo más que puedo es arreglarme a mi misma todos los días. Y limpiarme las heridas, sacar de mi alma los sentimientos que puedan nublar mi razón, reinventarme todos los días y tratar de darte a diario lo mejor de mí. 

No puedo arreglar allá afuera nada, pero aquí adentro puedo arreglarlo todo. Para darte, no una gran mamá, pero sí una mamá feliz. Sí, ese es el mejor regalo que puedo darte todos los días; una mamá que despierte feliz y que pueda darte la mejor sonrisa, que te abrace con dulzura y que pueda guiarte. Una mamá que no se canse de decirte lo mucho que te ama, una mamá que pueda acariciarte, una mamá paciente que aprenda a escucharte, una mamá que con firmeza pueda enseñarte lo que está bien y lo que está mal en la vida. Una mamá que todo lo enseñe con el ejemplo, porque no hay nada más poderoso que el ejemplo. 

Quisiera que nunca tuvieras que conocer el lado malo de la vida o de las personas, pero eso es quizá imposible. Allá fuera el mundo es voraz. Y a mí sólo me queda amarte tanto, para llenar todo tu ser de amor, y que cuando llegue el momento en que tengas que salir, no dudes de ti, no vayas por ahí sintiéndote sola o vacía, para que no titubees cuando tengas que alejar de ti a las personas que se acercan con maldad, para que no lo pienses dos veces cuando sepas que hay personas que más vale la pena darles la vuelta, porque jamás las podremos cambiar.

Sí, puedo arreglarlo todo aquí adentro para que al menos cuando me vaya, tenga la gran satisfacción de saber que he criado a personitas que no saldrán a descomponerlo todo, porque te habré enseñado de principios y valores, porque te habré hecho tan feliz que no tendrás que salir a reclamarle nada a la vida.Es probable que habré logrado llenarte tanto el corazón que cuando salgas allá afuera lo tengas desbordante y solo sepas darle a los demás amor. 

Es probable que alguien allá fuera intenté romperte el corazón, es probable que lo logren y también que el mundo te decepcione, y a veces al igual que yo, no comprenderás cómo en este mundo hay cabida para la maldad. Pero también es probable que andando por el mundo, te encuentres con alguien que al igual que tú, haya tenido una madre con la convicción de que afuera no se puede arreglar mucho, pero que adentro se puede arreglar todo.

Porque estoy convencida de que somos una tribu, que allá afuera día a día hay muchos mamás reparándose día a día, reinventándose para regalar la mejor versión de sí mismas, abrazando, acariciando y criando con amor. Sé que te has de encontrar con esos hijos, y que será una cadena interminable. Sé que habremos logrado mucho, no arreglando afuera pero sí arreglando dentro.

19 jun. 2018

Los niños y el internet ¿Qué tanto es tantito?

Hoy por la mañana, venía escuchando en la radio que recientemente la OMS ha reconocido la adicción a los vídeojuegos como un trastorno mental. Evidentemente la crítica recae sobre los padres, a final del día somos los responsables de los menores y quiénes hemos permitido que un simple videojuego llegué a convertirse en una adicción.

No me quería quedar con las ganas de externar mi opinión y recalcar que estamos a punto de llegar a los mismos extremos con el uso de internet y de celulares y tabletas. Ya desde que los niños son bebés les damos acceso al celular, y es más fácil ponerles un vídeo para que no lloren que ponernos a jugar con ellos, es más sencillo sentarlos con la tableta en mano y dejarlos ahí mientras hacemos nuestras cosas, porque los dispositivos móviles de la mano de internet se han convertido en excelentes sustitutos de niñeras. Hoy en día, los niños aprenden más rápido a manipular un celular que a leer. Pero ¿qué tanto es tantito? Entiendo que en un mundo tan ajetreado, en donde necesitamos todo "express", echemos mano de un celular o de la tableta, sí, necesitamos un respiro y yo misma lo he hecho, le he prestado a Isabel el celular, le he puesto la Gallina Pintadita en la televisión mientras me maquillo, la he dejado en el tableta mientras tiendo la cama. Pero ¿no creen que estamos abusando?

Ya desde edades tempranas los niños tienen acceso ilimitado a un celular. No es extraño que desde el preescolar los niños ya tengan un dispositivo móvil, porque ¿cómo negarles un deseo a nuestros querubines? ¿cómo negarnos a esta realidad virtual? ¿cómo privarlos de este mundo tecnológico en el que vivimos? Ok, estoy de acuerdo. Los especialistas han dicho que no es bueno dejar a los niños expuestos al gran monstruo que representa Internet, nos han recalcado que internet es un gran depredador lleno de contenido inapropiado para los niños y cuyo control por más que queramos tenerlo, se nos escapa de las manos. Y nos ha valido, creemos que no pasa nada, y nos empeñamos en encontrar más pros al uso del celular que en ver todos los contras, aunque esos "pros" sean en su mayoría mera fantasía. No me voy a dar golpes de pecho, nosotros terminamos cediendo a la petición de nuestra hija de tener un celular. Claro, tuvo que quedarse con la frustración unos tres o cuatro años, porque desde que ingreso a la primaria ya quería tener un celular, porque ya la mayoría de sus compañeros tenían uno. Y aún así sigo pensando, que ni en quinto, ni en sexto es una edad apropiada para tener un celular.

Pero lo que más repruebo de esta situación, es el hecho de que ya que otorgamos un celular, no nos demos a la tarea de revisarlo constantemente.¿Qué nos está pasando? ¿es conchudez? ¿nos da flojera? o ¿queremos respetarles la privacidad a nuestros tesoros? ¿neta creemos que no necesitamos revisarles el celular a un niño?

A menudo tomo el celular de Constanza. Tiene 10 años y creo que es mi deber saber qué páginas visita, qué vídeos ve, cuáles son sus inquietudes, que googlea, quiénes forman parte de sus redes sociales, qué postea y hasta qué platica con sus compañeros. ¿Por qué? Porque es una menor, y yo estoy a su cargo, porque los menores no deberían tener redes sociales, pero las tienen, es un hecho y debería ser nuestro deber vigilar y manejar dichas redes sociales, estar atentos de que no acepten desconocidos, que no platiquen con mayores o no expongan nada comprometedor de sus vidas. Y aún así, con todo ese supuesto control, no están exentos de que en cualquier momento les compartan contenido inadecuado, o un extraño este pendiente de sus vidas. Pero revisando el celular de Constanza, me doy cuenta de que la gran mayoría de papás no están al pendiente de los celulares de sus hijos, no se enteran de lo que los niños andan comentando o compartiendo en la red, y si se enteran, pues me parecen muy holgados. Revisando youtube, en los canales infantiles, los niños escriben cada comentario lleno de groserías, rencor y faltas de ortografía. Y los papás ni enterados. Niños de primaria escribiendo groserías, mandando mensajes de whatsapp y messenger a deshoras de la noche. Nada me molesta más que las alertas después de las 10 de la noche que le llegan a Constanza porque alguien le mando un mensaje, ella sabe que después de esa hora esta prohibido ver mensajes  y andar contestando, pues a esa hora, los menores deberían estar dormidos. Pero lo que más me irrita, es pensar que los papás de esos niños ni se enteran, y si lo hacen que no digan nada, que no haya límites para acceder a internet o usar el celular. Los niños ya están grandes para tener celular, pero no son capaces de despertarse solos para asistir al colegio. Por favor papás, seamos congruentes.

Esto es una atenta invitación a que seamos más cuidadosos de nuestros hijos, para que estemos más al pendiente de ellos, para que no los dejemos a la deriva del internet, para que vigilemos qué uso le dan nuestros niños al celular y sobre todo para que los dejemos ser niños. Que juegan más, que sueñen más, que imaginen más y estén menos pegados a internet. No les robemos su valiosa infancia papás, ya de por si es muy corta...

Papás cuiden a sus niños, y amenlos mucho. 


7 may. 2018

Mi más grande orgullo

Hija: no hay palabras para expresarte el inmenso orgullo que siento por ti y la dicha que me das todos los días. Eres una niña enorme, eres una campeona de la vida. Me da tanta felicidad verte cumplir tus metas, siéntete grande y capaz porque lo eres. Deseo que siempre sigas poniéndote metas en tu vida y tengas claro que todo lo puedes lograr, deseo que esa chispa que te caracteriza y esa perseverancia nunca falten en tus días. Lo has demostrado tantas veces, que hoy para mi eres inspiración y un ejemplo a seguir. Te amamos mi niña.

Desde que Constanza llegó a mi vida, desde ese preciso momento en que la vi llorar con tanta fuerza y le pude dar un beso en su tibia frente, me llenó de un orgullo inmenso, tan grande que quería que todo el mundo llegara al hospital, sólo para conocer a esa hermosa niña que acababa de nacer.

Tenía tantos miedos y tantas dudas acerca de cómo criarla, era muy joven y sólo deseaba ser una buena madre para ella. Los años han transcurrido rápidamente y he tenido el privilegio de verla crecer. Año con año han sido de grandes aprendizajes y logros. Desde sus primeros pasos, sus palabras, sus clases de ballet y después de gimnasia, siempre me ha hecho sentir orgullosa.

Recuerdo cuando paso a kinder 3. Era para mi un bebé y fue elegida para salir en la escolta. Me sentía toda una mamá pavo real. Recuerdo que la cambie de escuela y una de mis preocupaciones era saber que perdería su lugar de la escolta, pero era un cambio necesario así que nos fuimos a un nuevo kinder. Se acercaba el momento de finalizar el curso, y entonces me llegó un citatorio. ¿Qué pasa con mi Constanza? me cuestioné y llegué preocupada a la cita. Había otros cuantos papás citados. La maestra nos preguntó por qué pensábamos que la cita era necesariamente porque pasaba algo malo con los niños, o peor aún, por qué creíamos que se habían portado mal. La cita era para felicitarnos porque nuestros niños destacaban por su desempeño escolar y por ese motivo habían sido elegidos para formar la escolta que entregaría la bandera a la nueva generación. Otra vez me sentía llena de orgullo, el cambio había valido la pena y Constanza nuevamente se había ganado un lugar en la escolta.

Después llegamos a la primaria. La adaptación fue dura para ambas, pero pese a todo, Constaza siempre trajo notas satisfactorias. Cuando paso a tercer grado, me dijo con gran convicción: mamá este año voy a obtener un diploma. Con esa firme convicción, lo logró, y a fin de año me lleve una grata sorpresa. La verdad es que ni siquiera fuimos a la ceremonia pues había olvidado que mi hija tenía un propósito.

Con la misma convicción que dijo que sacaría un diploma, me dijo que quería ser niña de la escolta. Y este viernes en junta, totalmente sorprendida, he recibido la noticia de que Coni formará parte de la escolta. Sabía que la competencia era dura pues en su salón hay muchos alumnos brillantes, y más de uno anhelaba ser de los cuatro elegidos, sin embargo, mi hija me volvió a dar la lección de que cuando algo se desea con fuerza y se trabaja con esfuerzo, los sueños se cumplen.

No les puedo explicar todo el jubilo que aún traigo, pero ya se podrán imaginar que alegre me siento y que orgullosa me siento de mi niña. Por lo pronto ya iremos a celebrar su logro.

Saludos

25 abr. 2018

A un año y medio de Isabel ¿Qué cambiaría?

Ha pasado un año y medio desde la llegada de Isabel y es cierto que su llegada no fue color de rosa, nada de un parto bello e idealizado. Hay algunos bebés a los que les toca llegar bajo otras circunstancias algo difíciles.

Cuando pensamos en el momento de su llegada, no sabemos si debemos reprochar o agradecer, después de todo, lo que cuenta es que Isabel está aquí sin importar cómo fue que llegó.

Cuando Isabel nació, no hablaban de un parto o un nacimiento, los médicos empleaban la frase "interrupción del embarazo". Ese término se oía triste ante nuestros oídos y a diferencia del jubilo que se vive cuándo una familia se entera que un bebé esta próximo a nacer, en nuestra familia todo fue desconcierto, desazón y lágrimas.

Desde el momento en que me internaron y dijeron que tendrían que interrumpir mi embarazo, no dejaban de recalcar las pocas posibilidades que tenía de sobrevivir mi bebé, y hasta llegaron a decirme que dejará de llorar al fin y al cabo me podía volver a embarazar.

No, Isabel no tenía ropa aguardándole en casa, ni siquiera una cuna y ni le habíamos organizado un baby shower, todavía faltaba tiempo para eso.

Recuerdo esa césarea como la más triste de mi vida, y aveces prefiero bloquear todos esos recuerdos tan dolorosos y dejarlos en el pasado de dónde no deben salir. Siempre recordamos la impresión que tuvimos al ver a Isabel por primera vez, no era un bebé convencional gordito, era una bebé sumamente pequeña, delgada y frágil. De verdad que la Isabel de hoy es totalmente otra que la Isabel de un año atrás, pero a un año y medio de su nacimiento, creemos que todo valió la pena pues ella esta hermosa, sana y feliz. Sin embargo creemos que nos hubiera gustado que algunas cosas fueran diferentes.

Nos hubiera gustado mucho que las palabras de los doctores fueran más alentadoras y su actitud menos pesimista, por ejemplo: podrían habernos dicho que Isabel no era la única bebé prematura en ese hospital, que a diario nacen muchos niños de manera prematura y que las posibilidades de sobrevivir son cada vez mayores.

Me hubiera gustado que me dijeran que no me preocupara, que el hospital contaba con el equipo suficiente y el personal adecuado para hacer frente a la emergencia y que harían lo posible por que mi bebé sobreviviera.

Me hubiera encantado que me dieran las cifras de todos los bebés que a diario egresan del hospital porque han superado las adversidades, en lugar de decirme que en cualquier momento la vida de mi bebé podía acabar.

Me hubiera gustado que los médicos fueran siempre honestos, que desde un principio hubieran dejado claro que no habría forma de que yo regresara a casa para continuar con mi embarazo y que la interrupción del embarazo era la única solución.

Me hubiera gustado que me dejarán hablar con mis familiares, y no que me tuvieran recluida sin contacto alguno con ellos, en verdad era tremendamente angustiante no saber si ellos sabían qué pasaba conmigo.

Me hubiera gustado personal más empático, y no debería ser sólo un sueño. El hecho de que un embarazo se convierta en una situación delicada y grave, no quiere decir que debe dejar de ser un parto humanizado. 

Hoy prefiero no recordar todos esos momentos y esas lágrimas amargas, esa incertidumbre y ese desazón, hoy prefiero enfocarme en esos primeros pasos de Isabel, en esa gran sonrisa y en esas primeras palabras que llenan el alma. Hoy la tempestad ha quedado atrás para dar paso a un hermoso momento de mi vida. Hoy sólo tengo el corazón lleno de agradecimiento por la hermosa vida de mis hijas y por su salud.


¿Te suena conocida esta historia? No olvides platicarnos tus vivencias.

18 abr. 2018

¿Es posible tanta felicidad?


La mayoría de las noches, después de un largo día de trabajo y antes de dormir, llevamos a mis hijas a la cama y los cuatro nos damos un fuerte abrazo.

En esos momentos me invade un fuerte sentimiento de felicidad y constantemente me pregunto ¿cómo puede caber tanta felicidad en un pequeño cuarto? En esos instantes mi corazón se siente rebozado de amor y me siento muy agradecida, doy gracias a la vida por esos dos luceros que me obsequió y agradezco por todos nuestros días soleados, por nuestra salud y por esos bellos momentos.

Pero ahí es cuando veo que la felicidad no es más que una cuestión de actitud. No, no tenemos la visa perfecta: tenemos problemas, a veces también nos preocupa el trabajo o tenemos diferencias como pareja o con la familia. Sin embargo eso no me impide que sienta mucha alegría por el siempre hecho de vivir y de tener a mis hijas.

Un día mi madre me preguntó si nunca me deprimo. No lo hago. No es que nunca sienta tristeza, somos humanos y las emociones son parte de nosotros, no se trata de ser un robot sonriente toda la vida, a veces también lloro, me canso o me desánimo si algo no sale como lo tenía planeado. Sin embargo, desde que soy madre, no le doy más peso a las emociones negativas que a las positivas. Aveces puedo llorar pero luego miro a mis hijas y me brota una sonrisa. La felicidad de cada individuo no depende de otros ni está en las cosas materiales. La felicidad vive dentro de nosotros y la gran mayoría vive buscándola por todas partes, sin darse cuenta que se encuentra en las cosas más simples de la vida.


11 abr. 2018

Te ves cansada: El otro lado de la maternidad


La llegada de Isabel a nuestras vidas a representado todo un desafío, rompió todos los esquemas y ha superado cualquier expectativa.

Ahora he puesto en tela de juicio toda aseveración de que los niños son más inquietos que las niñas... me pregunto ¿puede haber niños más inquietos que mi Isa? Ella sube, baja, se arrastra por el suelo, gatea a toda prisa, sube las escaleras, quiere trepar por todos lados y tocar todo lo que se encuentra a su paso y parece que su batería es inagotable. Por si fuera poco, nuestra rutina de sueño se ha ido al caño, últimamente es media noche y ella quiere bajarse de la cama y jugar y llora si no la dejamos. Evidentemente Edgar y yo acabamos agotadísimos y muy desvelados.

Es evidente que la maternidad no representa en mí lo mismo que hace 11 años, cuando era muy joven y tenía mucha energía para cuidar de Constanza, sin contar que se quedaba con mis padres buena parte del día mientras yo me iba a estudiar la preparatoria.

No me siento cansada, me siento estupendamente y ha decir verdad, estoy disfrutando ampliamente esta etapa de la maternidad junto a mi bebé, eso sí, con mucha ayuda de Constanza y de su papá. Pero aunque yo me sienta de maravilla y ame mi maternidad, los años no pasan en balde y supongo que la factura se ve reflejada en mi rostro y es que hace unos días mi madre y mi hermana me dijeron que me veo cansada. Yo no sé si fue la falta de maquillaje, las ojeras y el estar despeinada o de plano los estragos que deja la maternidad pero me lo han dicho y no he hecho nada más que reír. Creo que desde que nació Isabel, pase de sentirme Susan a Linet de esposas desesperadas. ¿Qué le puedo hacer si no es que reírme? Y procurar maquillarme más seguido.

De que es cansado, es cansado. Mi bebé es bastante demandante. Pero no todo es cansancio, también es divertido y altamente gratificante.

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13 ene. 2018

El cuarto que se quedó en silencio

La recámara estaba dispuesta, aquel rincón llevaba en sus paredes pinceladas de amor, con el color de la ilusión. Sobre el techo colgaba la juguetona esperanza y todas las ansias de una madre que aguarda paciente los nueve meses más largos de su vida. La alfombra tejida de alegrías estaba junto a la cuna y sobre las repisas yacían bien acomodados los anhelos de unos padres primerizos. Los adornos más bonitos de aquel rinconcito era la luz y el cariño que inundaban todos los espacios. Los juquetitos esperaban las manecitas gorditas que llegarían a tomarlos y la ropita enternecedora ya estaba toda lista. Se acercaba el feliz día y todo estaba dispuesto. Al fin llegó el momento. Mamá se fue al hospital. Por fin llegó la cita más esperada y aquella mamá pudo conocer al gran amor de su vida, y besar su tibia mejilla, y empaparse del dulce olor de un bebé, y sostener en su pecho aquel cuerpo pequeño y tibio... Pero algo pasó. Mamá regreso a casa con los brazos vacíos, el cuerpo dolorido, la leche acumulada en el pecho, y el alma destrozada.

Aquel cuartito que tenía que verse inundado de llantos y risas se quedó en silencio.

Hoy he elevado una oración por todas esas mamitas que viven los nueve meses más felices de su vida y después no todo sale como se había planeado, y aquellos sueños rosas se convierten en un amargo luto. Pido que este trance tan difícil pueda ser superado, pido porque no les falte la fortaleza y encuentren confort en su corazón, pido porque vuelvan a encontrar la alegría aunque lleven a cuestas un dolor que jamás se olvida. 

Envío abrazos cálidos para todas esas mamitas, les envío un: estoy aquí. No sé lo que duele pero te abrazo fuerte. No sé lo que duele pero te doy mi mano por si te sirve de apoyo. No sé lo que duele pero está mi hombro por si acaso quieres llorar. No sé lo que duele pero te ves hermosa cuando sonríes. No sé lo que duele, pero te escucho si quieres.

Hace unos meses me enteré de la desgarradora noticia de la partida de un angelito que recién había llegado a esta vida. Su estancia fue tan breve pero estoy segura que en ese breve estancia dejo un gran amor en sus padres. Todos fuimos testigos del gran amor con el que se esperaba su llegada.

Me quedé tan reflexiva después de todo lo que viví con Isabel estando en el hospital, y se lo difícil que es vivir un puerperio sin tu hijo en brazos, lo duro que es no tener el confort en esos momentos de un cuerpo tibio a tu lado. 

Se me ha hecho un nudo en la garganta. Se nos ha llenado de tristeza el corazón.

No sabemos por qué pasan las cosas, sólo sabemos lo que siempre hemos dicho:

Dios manda sus batallas más difíciles a sus mejores guerreros.

Y desde aquí solo puedo enviar luz a todas esas mamitas que viven un duelo, enviarles un abrazo y decirles que las admiro tanto, son un ejemplo de fortaleza y amor. 

Dedicado con cariño a todas las mamás que han visto partir a sus angelitos tan pronto como han llegado.
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11 ene. 2018

Ni la mejor ni la peor mamá

Quítate esos prejuicios que te torturan, quita todas esas palabras descalificativas que alguna vez te han dicho los demás pues ellos no están en tus zapatos ni viven tu vida.

Quítate ese peso que llevas en la espalda al querer ser a toda costa la mamá perfecta, nunca ha existido tal mamá.

No, no lo eres, no eres la peor mamá, pero tampoco la mamá perfecta: eres una mamá real, una mamá a tu medida y a la medida de tus hijos.

Eres una mamá creada para embonar a la perfección con tus hijos, no con los de a lado.

No eres un molde igual a otras madres: tú tienes tus propias cualidades, defectos y virtudes.

Deja de torturarte por pensar que lo estás haciendo mal, mientras le pongas corazón, lo estás haciendo bien.

Deja de compararte con aquella a la que crees perfecta, ella también tiene temores y también comete errores.  Ella también se cuestiona si lo estará haciendo bien. Ella también pasa noches en vela bajo la luz de la luna con sentimientos de culpa.

No hay peores o mejores madres, hay madres a la medida de sus hijos.

Porque la maternidad es un camino largo y a veces cansado, pero al mismo tiempo el más dulce y bello camino que transita una mujer. Te invito a que empieces a disfrutar más y sufrir menos. Maternar en compañía de otras es más sencillo, así que toma mi mano y caminemos juntas.



20 dic. 2017

No mentir en estas fechas: ¿Moda o convicción?

Pareciera una moda que se extiende entre las madres modernas el decidir romper las tradiciones, o dicho por ellas, con las mentiras de Santa Claus y los Reyes Magos, argumentando que fomentar estas creencias es educar con mentiras y crear en los niños una falsa ilusión.

La verdad es que no recuerdo haber escuchado algo así hace 10 años, aunque seguramente ya por ahí alguien había expresado la misma opinión. He leído sus argumentos y no me parecen sólidos o convincentes, pero sinceramente, los argumentos sobran y nadie debe convencerme de nada, para eso cada quién educa como quiere y como mejor le parece.

Hasta aquí todo bien; somos humanos, cada quien con una visión distinta del mundo, aunque nos tachen de mentirosos, falsos o bobos a los que nos encontramos en la oposición de ideas. El problema viene cuando yo pregunto si ese hijo, educado en madurez y bajo la premisa de una verdad absoluta, tiene la madurez y/o la capacidad de respetar la creencia de otros, porque a final de cuentas, más que una mentira, se trata de una costumbre tan arraigada que conocí más de un hogar, dónde a pesar de la escasez de los recursos y el enorme esfuerzo económico que implicaba, los reyes no faltaban aunque sólo pudieran dejar un balón, un trompo o un balero. En esos casos era más sencillo decirle a los hijos que esas cosas no existían ¿para qué molestarse? ¿para qué preocuparse? o ¿para qué sacrificarse? No creo que sólo fuera simple amor a la mentira.

Hace unos años, cuando Constanza llegó a la primaria, había entre sus compañeros un niño cuya familia tenía una religión distinta a la católica, por ende en esa casa no se creía en lo Reyes, ni en Santa y el niño no asistía a los festejos de esta temporada. Los papás decidieron explicarle que esas cosas de los Reyes Magos no existían y que eran los padres quienes compraban los regalos de los niños y le dejaban escoger algún obsequio que sus padres le regalarían en estas fechas. Como es de pensarse, un niño no tiene la madurez de "callar" o respetar la creencia de otros niños y cuando escuchaba hablar a sus compañeros con ilusión sobre lo que pedirían a Santa o a los santos Reyes, el niño decidía decirle a sus compañeros que esas cosas eran mentiras, que los padres eran los encargados de comprar los juguetes, y claro, más de un niño se echaba a llorar. Por suerte Constanza creía que su compañero estaba loco y que le gustaba ser maldoso con sus compañeros. No digo que todos los niños lo hagan con maldad, y hasta cierto punto suena lógico que un niño al que le estas "enseñando a no mentir" no quiera formar parte de un colectivo de mentiras y quiera abrirle los ojos al resto de sus compañeros. Pero nuevamente yo preguntaría, estás educando bajo el valor de la verdad y ¿qué hay con la empatía?

Me cuesta trabajo creer que esos padres, que dicen que no les gusta mentirle a sus hijos, se dirigan siempre con la verdad y que jamás hayan dicho una mentira. Pero está bien, lo repito, cada quien es libre de tener sus propias creencias y actuar como les venga en gana, sin embargo, quienes estamos al otro lado, les suplicamos que enseñen a sus hijos a no romper con la ilusión de otros, les suplicamos que cuando decidan charlar con sus hijos, les expliquen que vivimos en un mundo donde la gran mayoría de padres nos gusta mentir en estas fechas, y que no se trata de que ellos formen parte de la mentira, simplemente que no comenten nada cuando escuchen al resto de sus compañeros ilusionados con las mentiras que se les dicen en casa. 

Es una atenta petición de muchos padres que atesoramos esas mentiras como uno de los recuerdos más valiosos de nuestra infancia, que con gran ilusión y ansia esperábamos el 6 de enero, y que acordábamos con nuestros amigos, primos y hermanos que no dormiríamos para poder ver a los Reyes, que en medio de nuestros sueños creíamos que habíamos visto una capa mágica, un sombrero o una simple sombra, que intentamos descubrirlos tantas veces para poderles sonreír, que creíamos escuchar un elefante o un camello y que en medio de la madrugada despertábamos para ir corriendo al árbol y ver bajo la luz parpadeante los juguetes que unos seres extraordinarios nos habían dejado, te lo pedimos esos padres a los que no nos pareció traumatico enterarnos de la verdad, simplemente lo vemos como el momento en el que teníamos que madurar, de corazón te lo pedimos todos esos padres que amamos estás fechas por la magia que se respira en el aire. ¡Ya sé, soy una cursi de lo peor!

Voy a finalizar recordando que todos somos diferentes, que la diversidad nutre nuestra riqueza cultural, que tan válida es tu forma de ver el mundo como lo es la mía, y que debemos aprender a respetar la ideología del otro. Los abrazo fuerte.
Editada por Wendolin Vera. Con la tecnología de Blogger.